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Carta Apostólica de Benedicto XVI

El Papa ha convocado el Año de La fe mediante la carta apostólica “PORTA FIDEI“ (La Puerta de la Fe). Es una carta muy densa de contenido donde, en 15 apartados nos va mostrando el verdadero camino hacia la autentica fe.

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La Resurrección es sutil y nítida

Llamados a anunciar que Jesús está vivo y merece la pena seguirle

Hace ya unos cuantos años, participando en una Pascua Juvenil, el sacerdote que acompañaba la experiencia nos mandó adornar la Iglesia para la Vigilia con globos, confeti, serpentinas, como si se tratase, casi, de un cotillón de Nochevieja. En el momento de la celebración en el que se pasa del Antiguo al Nuevo Testamento, nos animó a explotar aquellos globos, a hacer un estruendo enorme y a organizar un jolgorio de mucho cuidado. Unos momentos después, nos fue serenando y, cuando se hizo con la palabra en medio de aquel follón, nos explicó: “mirad, esto que acabamos de hacer y en lo que estáis todos tan emocionados, preparando el lío, no es la Resurrección; la Resurrección es mucho más sutil, no viene anunciándose a bombo y platillo, ni envuelta en fuegos artificiales; la Resurrección se da en el fondo del corazón, en lo más hondo, en el interior de cada persona y, no siempre, es tan evidente”.

A mí, aquella experiencia me centró bastante, posiblemente porque yo no estaba pasando una temporada fácil y, cuando estás en una experiencia de dolor o de sufrimiento, que te vengan con globos y confeti, no ayuda mucho a salir de esa situación o a vivirla de otra manera.

Con esto no niego el valor de la fiesta y cuánto nos ayuda, de vez en cuando, tener momentos de explosión de alegría, donde disfrutamos con otros y que nos ayudan a evadirnos y esponjarnos. Pero la Resurrección es otra cosa; es más sutil.

Para entender un poco que es eso de la Resurrección, me ayuda mirar a los amigos de Jesús después de la experiencia de la cruz y la muerte. No creo que a María Magdalena, Pedro, Juan, Tomás, los de Emaús, las mujeres y, en definitiva, todo el grupo de sus seguidores más íntimos, les hubiera ayudado mucho, en aquel momento, preparar un “cotillón de Nochevieja”.

Pero ¿qué les ocurre a estas personas para que estando destrozados, deprimidos, escépticos, llorando, incrédulos, es decir, en la situación en la que se está cuando la vida te golpea con dureza; pasen, en poco tiempo, a anunciar con ánimo, alegría, energía, vitalidad, valentía, que Jesús sigue vivo y que sigue teniendo parte con ellos?. Aunque este proceso no tuvo la inmediatez que parece narrarse en el Evangelio, la experiencia es impresionante en su fuerza y sutil en sus formas. Estas personas volvieron a sentirse acompañadas por su Amigo, volvieron a entrar en relación con Él, volvieron a experimentar su presencia, volvieron a vibrar por dentro, no exactamente como cuando estaban físicamente con Jesús, pero sí de una manera más honda y plena.

La sutileza de esta experiencia se da por el tipo de leguaje que suele utilizar Dios con nosotros. Aunque a veces entra en nuestra vida de manera arrolladora, no suele hacerlo como un “elefante en una cacharrería”, sino que nos toca por dentro de una forma muy peculiar y, casi siempre, muy delicada.

Su lenguaje es la compasión, la alegría, el consuelo, la esperanza, la bondad, la reconciliación, la fe, el Amor. Parece que nos despierta una mirada más benevolente con la vida.

Y surge en momentos que parecen contradictorios. ¿Cómo es posible que ante esta experiencia que me está ocurriendo de dolor, agobio, tristeza, desesperación, cuando parece que me voy a romper en dos, de fondo tenga la certeza de la esperanza, el ánimo, la compañía? ¿Cómo es posible que sienta consuelo con la que me está cayendo? ¿Cómo pueden darse en mí las ganas de vivir, si estoy destrozada por determinado acontecimiento? ¿Cómo es posible que, estando como estoy, me sienta llamada a vincularme a la comunidad y a anunciar que Jesús está vivo y merece la pena seguirle? Sientes por dentro que algo diferente está pasando y que, aunque es sutil, se presenta de forma nítida e intensa.

Los amigos de Jesús no se quedaron regodeándose en la experiencia de la Resurrección sintiéndose especiales por lo que estaban viviendo, sino que se lanzaron al anuncio del Evangelio con una fuerza inusitada. Y, en realidad, esta es la clave para que el anuncio de que Jesús vive haya llegado hasta nosotros.

La Resurrección es sutil y al corazón. La Resurrección nos compromete.

Susana de Andrés Nieto. Sierva de San José

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