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Carta Apostólica de Benedicto XVI

El Papa ha convocado el Año de La fe mediante la carta apostólica “PORTA FIDEI“ (La Puerta de la Fe). Es una carta muy densa de contenido donde, en 15 apartados nos va mostrando el verdadero camino hacia la autentica fe.

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María, madre de Dios

El dogma más importante sobre la Virgen María

Ya concluyendo el mes de mayo es bueno mirar a María y contemplarla desde la fe y asumir los dogmas que la iglesia ha promulgado sobre La Virgen. Primero hay que responder a la pregunta ¿Qué se entiende por Dogma?

 

Dogma es una verdad o un hecho que pertenece al objeto de la fe; es decir, que ha sido revelado por Dios de una manera explícita o implícita y que ha sido solemnemente definido por el Magisterio de la Iglesia o propuesto como tal por la tradición invariable de la misma Iglesia. Los dogmas Marianos son cuatro, a saber: 1º.- María, Madre de Dios; 2º.- María, Madre Virgen; 3º.- María, Inmaculada y 4º.- María Asunta en cuerpo y alma al cielo.  María, Madre de Dios.  Es el dogma más importante sobre la Virgen María. Por ello yo voy a centrarme en el. La liturgia y la literatura oriental, así como los documentos de antiguos Concilios, la llaman Theotokos, (Madre de Dios). Este dogma enseña que María es Madre verdadera porque engendró al Hijo de Dios, a  la segunda persona de la Trinidad, la Persona del Verbo,  que asumió la naturaleza humana, engendrada milagrosa y virginalmente por Ella, por obra del Espíritu Santo. En este sentido lo definió el Concilio de Éfeso contra Nestorio; definición que reafirmó el Papa Pío XI en la Encíclica Lux Veritas (1931), y que propuso en estos términos nuevamente a la Iglesia: “Proclamamos la divina maternidad de la Virgen María, que consiste, como dice San Cirilo, "no en que la naturaleza del Verbo y su Divinidad hayan recibido el principio de su nacimiento de la Virgen, sino en que de Esta naciese aquel sagrado cuerpo, dotado de alma racional, al cual se unió hipostáticamente el Verbo de Dios. Y " por eso, se dice que nació según la carne". En verdad, si el Hijo de María es Dios, evidentemente Ella, que lo engendró, debe ser llamada con toda justicia Madre de Dios. Si la persona de Jesucristo es una sola y divina, es indudable que debemos llamar a María no solamente Madre de Cristo hombre. sino Delpara, o Theotokos, esto es: Madre de Dios... Esta verdad, transmitida hasta nosotros desde los primeros tiempos de la Iglesia, nadie puede rechazarla” (Lux Veritatis, n. 11). La misma fe ha proclamado solemnemente  por el Papa Juan Pablo II, al recordar en dos documentos más importantes (25 de marzo y 7 de junio de 1981) la conmemoración del 1550 aniversario de la celebración del Concilio de Efeso, que definió la maternidad divina de María. Este dogma está contenido en la enseñanza de la Sagrada Escritura y fue definido por el Concilio de Efeso (en el año 431) contra los errores de Nestorio. Más tarde fue proclamado por otros Concilios universales, como el de Calcedonia (del año 451) y segundo de Constantinopla (año 553). Otros Concilios generales y particulares, y muchos romanos. Pontífices, particularmente en estos últimos cien años, han reafirmado y enseñado este dogma. Este dogma es el principal de todos los dogmas marianos y la raíz y el fundamento de la dignidad singularísima de la Virgen María; el que define su mismo ser en la economía de la salvación. María, por ser Madre de Dios, es Madre también de los hombres, ya que es Madre del Dios Redentor, de Cristo cabeza, y Madre a la vez de los miembros. «De este dogma de la divina maternidad -dice el Papa Pío XI- como de surtidor de oculto manantial proceden la gracia singularísima de María y su dignidad suprema después de Dios» (Lux Veritatis, n. 12). Y esta dignidad, dice el mismo Papa citando a Santo Tomás de Aquino, es una dignidad en cierta manera infinita, por ser Dios un bien infinito. Los otros dogmas los abordaremos en otro momento.

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