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Carta Apostólica de Benedicto XVI

El Papa ha convocado el Año de La fe mediante la carta apostólica “PORTA FIDEI“ (La Puerta de la Fe). Es una carta muy densa de contenido donde, en 15 apartados nos va mostrando el verdadero camino hacia la autentica fe.

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Santa Justa y Santa Rufina: un modelo de Fe

Las patronas de nuestra parroquia, honradas por sus feligreses

Estamos en Sevilla en el siglo III de nuestra era. En la ciudad andaluza nacieron estas dos hermanas en el seno de una familia pobre pero muy cristiana. Todo el tiempo libre lo dedicaban a aprender el Evangelio y a vivirlo con todas sus consecuencias. No participaban en las fiestas que la ciudad le tributaba a la diosa Venus. La gente llevaba su estatua a hombros por las calles y pedían limosna para su culto.

Cuando entraron en la casa de estas hermanas, los acompañantes les rogaron que la adorasen. No lo hicieron. Entonces se vengaron de ellas rompiendo todos los objetos de valor que había en su propia casa. Ellas, envalentonadas rompieron al ídolo. La noticia corrió como la pólvora por todas partes. Llegó a oídos del gobernador Diogeniano. Este las halagó un montón pensando que de esta forma dejarían su vida de cristianas para convertirse en idólatras. La cosa no fue fácil. Enfurecido el tal señor, ordenó que les diesen todo tipo de torturas. Por ejemplo, le hizo ir corriendo tras la marcha de su caballo hasta Sierra Morena.

Justa murió por el camino. Su cuerpo lo tiraron a un pozo. Enterado del tema, el obispo envió a creyentes para que lo sacaran de ese lugar. El nombre del obispo era Sabino. Rufina sufrió la suerte de su martirio en el anfiteatro. Era la ocasión propicia para contentar a la plebe. El león que iba a matarla, cuando la vio, no le hizo nada. Y para quedar bien ante la chusma, el tirano le arrancó el cuello. Era el año 287. Pronto comenzó el culto a estas dos hermanas. Los mozárabes le levantaron un templo en Toledo a santa Justa. Intervino de nuevo el mismo obispo para enterrar sus cenizas en el mismo sitio en el que estaban las de su hermana. No hay quien pueda con alguien que tiene fe seria en el Señor.

Este fin de semana celebramos la fiesta de la parroquia; es la fiesta de nuestras santas Justa y Rufina. Ellas, alfareras de oficio, entregaron su vida por su fe, dieron la vida por Cristo. Se negaron a adorar a otros dioses paganos, sufriendo torturas hasta la muerte. Por ello, en la Eucaristía nos encomendamos a ellas y pedimos que se nos contagie se fuerza, su determinación y especialmente, su fe y amor a Dios.

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