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Carta Apostólica de Benedicto XVI

El Papa ha convocado el Año de La fe mediante la carta apostólica “PORTA FIDEI“ (La Puerta de la Fe). Es una carta muy densa de contenido donde, en 15 apartados nos va mostrando el verdadero camino hacia la autentica fe.

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La muerte es el principio de la vida

En estos días todos pedimos por todos. Es lo que llamamos Comunión de la Iglesia

El día 1 de noviembre, celebramos la solemnidad de Todos los Santos y el 2, la conmemoración de los Fieles Difuntos, y durante estos días, acostumbramos a visitar los lugares donde se guardan los restos de nuestros difuntos, llevándoles flores, celebrando Misa, rezando por ellos y haciendo altares para recordarlos. Cuando muere alguien cercano a nosotros, nos entristecemos por saber que ya no los veremos, que ya no están físicamente con nosotros, pero sabemos que los que murieron están con Dios, y aunque en momentos nos apenamos, la fe en Jesús, nos da la Paz y confianza de saber que ellos están bien, están con Dios. Y es que, tanto la solemnidad de Todos los Santos, como la conmemoración de los Difuntos, son dos celebraciones que recogen en sí la fe en la vida eterna. Y aunque estos dos días nos ponen delante de los ojos lo ineludible de la muerte, dan, al mismo tiempo, un testimonio de la vida.

Jesús, pasa por la muerte (y muerte de Cruz), pero después de ser sepultado resucita. Esto nos enseña que la muerte es solo un paso necesario para la vida eterna; para estar con Dios. (Mc. 16, 9-10) Y el hombre, que según la ley de la naturaleza está "condenado a la muerte", que vive con la perspectiva de la destrucción de su cuerpo, vive, al mismo tiempo, con la mirada puesta en la vida futura y como llamado a la gloria.

La solemnidad de Todos los Santos pone ante los ojos de nuestra fe a todos aquellos que han alcanzado la plenitud de su llamada a la unión con Dios. El día que conmemora los Difuntos hace converger nuestros pensamientos hacia aquellos que, dejado este mundo, esperan alcanzar en la expiación la plenitud de amor que pide la unión con Dios. Estas dos fiestas, nos une con todos: con los vivos y muertos, con Dios, con los Santos y la Virgen María, con la tierra donde vivimos y con el cielo a dónde iremos. Todos pedimos por todos. Es a lo que llamamos Comunión de la Iglesia. Se trata de dos días grandes para la Iglesia que, de algún modo, "prolonga su vida" en sus santos y también en todos aquellos que por medio del servicio a la verdad y el amor se están preparando a esta vida.

Cada uno de nosotros desde nuestro bautismo estamos llamados a ser Santos, viviendo lo que Dios nos manda, cumpliendo los mandamientos, los sacramentos, esforzándonos todos los días por ser mejores cristianos, por ayudar a los demás. Dios nos invita a ser Santos, y lo podemos lograr, si nos esforzamos en vivir diariamente el camino que Él nos va indicando; lo que nos toca vivir.

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