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Carta Apostólica de Benedicto XVI

El Papa ha convocado el Año de La fe mediante la carta apostólica “PORTA FIDEI“ (La Puerta de la Fe). Es una carta muy densa de contenido donde, en 15 apartados nos va mostrando el verdadero camino hacia la autentica fe.

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Nuestra Iglesia

La Iglesia es un don para el mundo de hoy y de siempre

El próximo domingo 18 de noviembre celebramos el Día de la Iglesia Diocesana. Se ha escogido el lema “La iglesia contribuye a una sociedad mejor”.

Me  parece muy acertado el lema. Desde sus inicios la iglesia fundada por Cristo y nacida de la resurrección del Señor como nueva humanidad, nos hace partícipes de su gracia, de sus dones y de su mismo destino. Constituida por hombres pero a la vez gozando de la presencia de su fundador, es santa y pecadora, ha contribuido a pesar de sus fallos y sombras, a desarrollar las sociedades donde ha hecho acto de presencia. La iglesia con su presencia saca lo mejor de los hombres y de sus culturas en todos los niveles de la vida social haciendo presente el Reino de Dios.

 

Donde hay una necesidad del hombre, ahí encontramos a la iglesia con una misión clara y precisa: ayudar, compadecer, promover y sobre todo salvar. La iglesia es samaritana. Tiene claro que su fin es sobrenatural y trascendente; es consciente que ha nacido del costado de Cristo para redimir al hombre en su sentido más pleno, redención integral del hombre, y definitivo. La iglesia salva al hombre del pecado y de la muerte por acción de Cristo, con una preocupación solidaria haciéndole objeto de su amor y entrega total.

La iglesia es un don para el mundo de hoy y de siempre y, por ende, para la sociedad. El día de la iglesia diocesana es un momento de acción de gracias a Dios por ser hijos de la iglesia, miembros del cuerpo místico de Cristo. Es un momento para tomar conciencia de nuestra implicación como cristianos, pues la iglesia nos necesita; sí, a cada uno de sus miembros, necesita de cada uno de sus hijos, la santidad, la oración, la ayuda económica que redundará en beneficio de los demás. Sobra decir quiénes serán los principales destinatarios en estos tiempos de crisis, en la mente y el corazón de todos los hijos de la iglesia están presentes. La iglesia necesita de nuestro amor para que pueda brillar como el faro, el lugar donde Cristo nos ha amado. Seamos generosos, demos lo mejor de nosotros mismos.

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