Iglesia diocesana, nuestra parroquia

“La Iglesia contribuye a crear una sociedad  mejor”

Hoy celebramos el día de la Iglesia Diocesana. Y hablar de la Iglesia diocesana es algo muy comprometido, porque nos toca en lo más personal y porque no es otra cosa que hablar de nuestra familia verdadera y de lo que fundamenta y da sentido a nuestra identidad cristiana. La Iglesia diocesana es la presencia viva y actuante de Jesucristo, hoy y aquí, entre nosotros. Y por eso en ese día celebramos que todos los cristianos de la archidiócesis de Madrid nos sentimos Iglesia. Una Iglesia que es una Comunidad de comunidades, donde se escucha y se vive de la Palabra, en comunión profunda con Dios y entre los hermanos, siendo servidores unos de otros y poniendo todo en común, hasta experimentar que somos un solo corazón y una sola alma, y donde nadie padece necesidades.

En esta jornada, vivida dentro del año de la fe, queremos vivir una vuelta a los orígenes de la Iglesia compartiendo nuestros bienes y ayudándonos mutuamente porque la Iglesia necesita de cada uno de nosotros, sus hijos y miembros. Necesita nuestra santidad, nuestra oración incesante y nuestra ayuda económica que redundará, en estos tiempos de crisis y de máxima necesidad, en beneficio de los pobres y marginados. De esta manera todos contribuimos a crear una sociedad mejor, a pesar de las dificultades que podemos estar atravesando y para aliviar el dolor del prójimo. Y cuando miramos a nuestra sociedad, desde la necesidad del prójimo, sentimos la necesidad de la Iglesia para ayudar, compadecer, promover y salvar; y esta es también la llamada al servicio de cada uno de los hijos de la Iglesia.

Para conseguirlo cada católico tiene que tener  en cuenta su necesaria aportación, por una parte a las oraciones y celebraciones parroquiales; y, por otra, a la aportación económica de la parroquia que se puede hacer con una suscripción, fijando una cantidad mensual, trimestral, semestral o anual, a entregar a la parroquia y colaborar en las distintas colectas que a lo largo del año vamos haciendo. Porque así es como sostenemos a nuestra Iglesia.

Este sostenimiento es exclusivo de los creyentes porque la Iglesia no recibe ninguna ayuda económica del Estado; de los Presupuestos Generales del Estado la Iglesia Católica no recibe nada. Y su sostenimiento es posible gracias a la X que los contribuyentes marcan libre y voluntariamente en la Declaración de la Renta que supone un 25% del total de la financiación de la Iglesia; el resto son donaciones, suscripciones y colectas que hacemos en las parroquias a lo largo del año.

Tenemos que animarnos, pues, a ser generosos con nuestra parroquia dando lo mejor de nosotros mismos para nuestro enriquecimiento. Nos encomendamos a nuestras Santas Justa y Rufina que nos ayuden a dar lo mejor de nosotros mismos para que vivamos y gritemos la fe que tenemos amando a nuestra Iglesia.