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Carta Apostólica de Benedicto XVI

El Papa ha convocado el Año de La fe mediante la carta apostólica “PORTA FIDEI“ (La Puerta de la Fe). Es una carta muy densa de contenido donde, en 15 apartados nos va mostrando el verdadero camino hacia la autentica fe.

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La barca que nos lleva a Él

La llegada del Mesías tiene que suscitar en nosotros el deseo de ser santos

Este domingo, se inaugura el Adviento, que es tiempo de preparación para la llegada del Mesías. Hemos terminado un año litúrgico, y todos tendríamos que preguntarnos si ha pasado Jesús en nuestra vida, si nos hemos dado cuenta de ello, si realmente Jesús ha hecho vida en nuestra propia vida.

Este año, el lema de la Parroquia –AÑO DE LA FE: CREES, VÍVELA, GRÍTALA- nos va a guiar en el camino de la preparación. Y para ello, vamos a analizar en profundidad el símbolo del Año de la Fe. En esta primera semana, el primer trozo es la barca, como símbolo de esperanza, barca que nos lleva a Él y en la que todos estamos incluidos, y que representa a la Iglesia. Ella es la que nos muestra el camino, nos recuerda, transmite y explica Su palabra y nos conforta ante la tempestad.

 

La llegada del Mesías tiene que suscitar el deseo en nosotros de ser santos y de vivir la fraternidad: “Que él fortalezca sus corazones para que cuando Jesús, nuestro Señor vuelva acompañado de todos sus santos, uds se presenten ante Dios, SANTOS E IRREPROCHABLES” (1Tes.3,12-4,1-2). Porque el Adviento, es tiempo para esperar al Mesías, pero desde el aceptar el reto de agradar a Dios cada día.

“Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria” (Lc.21,25-28.34-36). Adviento es un tiempo para contemplar a Dios que viene con poder, es un tiempo para reconocer que Dios tiene autoridad sobre nuestra vida, nuestra historia y sobre la creación. Adviento es un tiempo para escuchar la voz de Dios que nos dice: “alcen la cabeza, se acerca su liberación”. ¿Estás desganado, sin paz y sin esperanza?: levántate, se acerca el Mesías para liberarte.

No podemos vivir al margen de Dios. Es todo un reto permanente: seguir, servir y amar a Jesús cada día de nuestra vida.

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